Los idiomas en los mundos de fantasía o ¡por favor, no cometas lingüicidio!

Hablar de fantasía es hablar de multiculturalismo. Unas pocas razas desperdigadas por tierras inhóspitas, algunos animales parlantes en un par de bosques, dos o tres reinos hostiles atacando la frontera... todos ellos inmersos en un gigantesco diálogo donde son capaces de comunicarse e intercambiar ideas sin el menor de los problemas.
Excepto porque no.
Existe un concepto llamado lengua común. La lengua común tiene dos acepciones, la primera de ellas referida al tronco que comparten dos lenguas derivadas y la segunda, a la lengua global que se usa para comunicarse en relaciones internacionales. Por ejemplo, en el primer caso, la lengua común del inglés y del alemán sería el germánico, mientras que la del español y la del italiano sería el latín. En cuanto al segundo, creo que todos podemos coincidir en que la lengua global de hoy en día es, de forma invariable, el inglés.
Como veis, de una lengua común pueden derivar muchas otras, que a su vez, cada una con sus matices y su contexto, acaban formando parte del concepto de identidad de un país: el italiano se llama así porque es el idioma de Italia, el francés porque es el idioma de Francia, ect. Del mismo modo, estas ramificaciones de esa lengua troncal pueden dar lugar a dialectos, que alteran en mayor o menor medida su lengua de origen; en inglés, encontramos el dialecto scot (o escocés) o el cockney (del sureste de Londres, clásicamente asociado a la clase obrera), entre otros. Pero la cosa no termina ahí, y es que los dialectos suelen tener también ciertas implicaciones, ya sean geográficas (“Probablemente eres escocés porque hablas scot”) o sociales ("Probablemente eres de clase obrera porque hablas cockney"). Pero tampoco podemos detenernos en ese punto, porque cada persona que hable cada lengua o dialecto tendrá una manera más o menos generalizada de pronunciar, que a grosso modo es lo que se conoce como acento.
Y de repente cojo una novela de fantasía y me encuentro a un tipo conversando tranquilamente en su lengua natal con un mercader del reino vecino.
Como que no suena muy convincente.
Partamos de la base de que dos reinos vecinos pueden compartir idioma perfectamente, pero esto requiere que hayan tenido una historia en común. Y por historia en común no me refiero a un simple intercambio cultural, me refiero a una conquista o a una independencia hecha y derecha. Esta es la razón de que, por ejemplo, América comparta idiomas con los colonos que invadieron las respectivas partes del continente. Sin esta historia en común, los reinos de tu historia seguramente tengan idiomas diferentes. ¿Cómo conseguir entonces la comunicación? El mercader inteligente que traspase la frontera para vender en ciudad extranjera aprenderá el idioma, y ocurre lo mismo con todos los tipos de servicios que lleguen al reino: recordad que los empresarios vienen a ganar dinero, y por tanto, querrán llegar al mayor número de gente posible; tendrá, eso sí, un acento muy distinguible que lo identificará enseguida como extranjero a no ser que se haya pegado la vida practicándolo (pero sin vivir allí, difícil lo veo). Si por el contrario son los dos grandes reyes de sus respectivos reinos los que entablan conversación, la cosa se pone más peliaguda.
![]() |
| Si tu rey ha sido levantado por un mandril, +1000 puntos por swag |
Supongamos que ambos reyes conocen a la perfección el idioma del otro y que además hay un idioma común que también saben. Hemos dicho antes que los idiomas tienen implicaciones geográficas: se identifican con una región concreta del globo. Si están negociando las condiciones de rendición, y el rey victorioso habla en su idioma natal, ¿cómo creéis que debería responder el otro? Contestar en su propio idioma supondría desafiar a la nueva autoridad y podría costarle caro, mientras que hacerlo en el de él implicaría una sumisión que por orgullo se niega a aceptar. Así pues, tal vez lo más inteligente para el vencido sea traer a un tercer país como árbitro de las condiciones y dialogar en el idioma común si el vencedor está dispuesto. ¿Qué haría tu personaje? ¿Agacharía la cabeza? ¿Trataría de encontrar un árbitro? ¿O se sublevaría aceptando las consecuencias?
Pero volvamos al interior de nuestro reino. Nuestro feliz mercader se mueve ahora a otra región distinta del mapa, pero cuando habla con los habitantes de allí, se le queda la misma cara que si yo ahora te hablase de la sublime catalogación y subsequente envasado de los inestimables chorifordios. Vamos, que o bien le han puesto un ejercicio de listening de esos donde hay una conversación por teléfono o es que el lenguaje con el que ha entablado conversación no se parece en nada a lo que él ha aprendido. Y es que no solo podemos tener en cuenta la influencia de un solo idioma, porque las lenguas nunca es algo unilateral. Muchas veces los países o incluso las regiones tienen un idioma primario, que se usa para cuestiones oficiales y administrativas y un idioma secundario, que se usa en el día a día con la misma frecuencia. Es el caso de Bélgica, por ejemplo, cuyo idioma principal es el flamenco, pero también se habla francés. Así, si les habla en su idioma, nuestro mercader entenderá que aquella es una región donde el segundo lenguaje ha cobrado fuerza en el ámbito urbano.
Y tras todo este rollo que os he soltado, viene la pregunta que más inquieta a los escritores sobre este tema: ¿cómo represento todo esto de los idiomas en mi texto?
No tengo la respuesta definitiva, pero sí puedo deciros cómo no hacerlo: no lo hagáis como Laura Gallego.
En Memorias de Idhún nos encontramos a la raza de los yan, nómadas del desierto que hablan tal que así:
“—Porqueyonosoymago. Misantepasadoslofueronperoestánmuertos. Yenestemundonohabíaunicorniosqueconsagrarananuevosbechicero”
Me duelen los ojos cada vez que recuerdo este párrafo. Se puede jugar con la puntuación para crear registros, pero hay que tener mucho cuidado. El objetivo del escritor es transmitir, y si lo único que se transmite al lector es que desee saltarse diálogos de tres frases, me parece que no ha sido una buena idea. Otro ejemplo de la misma autora nos lo encontramos en Donde los árboles cantan. En él, el pueblo de los bárbaros del norte, separados del reino de la protagonista por una hilera de montañas (y presumiblemente sin más contacto anterior que alguna que otra guerra), atraviesa los picos en pleno invierno (ejem) y los conquista, diciéndoles en el idioma de allí que pretende asentarse en el territorio. Vale, acepto que como conquistador hables en su idioma si no hay uno global y ellos no entienden el tuyo. Mi verdadera pregunta es, ¿dónde demonios lo has aprendido?
Lo siento, fans de Laura Gallego. Los ejemplos eran demasiado perfectos como para no ponerlos.
Otros escritores han esquivado este bache con más maestría valiéndose de distintos recursos estilísticos. Tolkien, por ejemplo, combina dos estilos diferentes: el primero de ellos es caracterizar a cada uno de sus idiomas con el estilo de expresión de un idioma real diferente. Así, podemos escuchar en sus diálogos trazas de algunos tan variados como el acento filandés, galés o inglés gótico. El segundo es no traducir. Sus textos en élfico, en élfico se quedan; las traducciones las conocemos por anotaciones del propio autor o diálogos de los personajes. También está el típico caso de indicar en la narración que el idioma ha cambiado, pero personalmente considero esto poco elegante y prefiero dejarlo como solución forzada si no hay más remedio.
Hasta ahora hemos visto diferentes casos del protagonista en el contexto de gente hablando su idioma entre sí, ¿pero qué sucede cuando tenemos a nuestro protagonista perdido en mitad de la nada y de repente aparece un pueblo en el que no lo entienden en absoluto? ¿Queda incomunicado? Ni mucho menos. Bienvenidos al fascinante mundo de la fonética y la fonología.
![]() |
| Personaje a punto de ser rescatado por tribu misteriosa en 3, 2, 1... |
En lingüística, existe un término llamado pares mínimos (o minimal pairs). Consiste en coger dos palabras cuyo sonido sea idéntico excepto en un fonema y compararlas, lo que nos ayuda a deducir si este es distintivo o no, es decir, si significan diferentes cosas. Por ejemplo, vamos a poner en español casa y cana. Las consonantes [s] y [n] son distintivas, porque el significado de la palabra cambia dependiendo de si lleva una u otra. ¿Qué quiere decir esto? Que con la suficiente paciencia, un personaje podría llegar a sacar todos los fonemas de ese idioma e ir formando palabras por sí mismo. Y como nuestro mundo es maravillosamente visual, el pueblo en cuestión podría ir enseñándole los significados mediante signos y dibujos, aprendiendo él solito todo un idioma. Y os preguntaréis, ¿por qué no hace eso desde el principio y no se complica la vida?
Lo cierto es que si el personaje está de paso y lo vas a dejar ahí un par de días, tal vez sea lo mejor. Sin embargo, la diferencia radica en que con el método de la conmutación de pares mínimos (el nombre difícil para esta cosa tan sencilla), el personaje aprende. Necesitará los significados, cierto, pero dominará la pronunciación y la entonación. Será lo mismo que en otros idiomas donde una palabra mal pronunciada o entonada puede llevar a que no te entiendan, a pesar de que conozcas el significado. Además, si algún día os da por crear un idioma propio, este método os servirá para ir sacando palabras de diez en diez. En serio.
Así que para finalizar: los idiomas son importantes. No solo tienen unas implicaciones extralingüísticas que estás dejando pasar al no tomarlos en cuenta y que pueden llegar a dar mucho juego, sino que además supone una negra mancha en un mundo bien construido. Simplemente no es realista. Si el tuyo es un reino multicultural, debe serlo en todos los sentidos. Además, al fandom en general le encanta este tipo de cosas, el klingon y el quenya lo avalan. No destruyas lenguas potenciales. Piensa en el fandom. No seas lingüicida.
Y tú, ¿usas distintos idiomas en tus mundos de fantasía? ¿Qué opinas de ellos? ¿Se te ocurre alguna otra solución? Si es así, no dudes en compartirla en los comentarios.
¡Nos leemos!



¡Me ha gustado mucho esta entrada! Me viene de maravilla ahora que ando con la construcción del mundo de "Z".
ResponderEliminarEs un tema en el que he pensado muchas veces: ¿Cómo es posible que alguien llegue a un mundo diferente y hablen el mismo idioma?
Manejar bien este tema puede dar mucho jugo a una historia y crear conflictos muy interesantes.
¡Gracias por escribir esta entrada! :)
Me alegra que te haya gustado y, todavía mejor, que te haya venido bien ^^ Las lenguas es algo muy infravalorado en la fantasía. Como bien dices, al no tenerlas en cuenta nos estamos perdiendo conflictos muy interesantes. Vale, muchas veces no compensa inventarte todo un idioma, pero tampoco es cuestión de tener un mundo con la complejidad lingüística de una ameba xD
Eliminar¡Gracias por comentar! :D
La verdad es que nunca me había planteado como tan importante los diferentes dialectos e idiomas en una novela, pero gracias a tú entrada (muy completa, por cierto) has logrado darme unas cuantas ideas para próximos proyectos.
ResponderEliminarUn beso
Lena desde Compases Rotos
¡Hola, gracias por tu comentario! La escribí precisamente para que la gente se diese cuenta de que no es un tema que deba descartarse a la ligera. Me alegra ver que el mensaje ha llegado a buen puerto ^^
Eliminar¡Un saludo!
Dificil tema y mas sin haber una solución "Homologada" pero se pueden llegar a soluciones más elegantes queescribirlotodojunto. Para diferentes acentos y modos de hablar a Pratchett le he visto usar diferentes fuentes (voto a brios) y yo he usado las cursivas en una escena en la que dos personajes (Con el foco puesto en uno de ellos) hablaban entre ellos en un idioma frente a otros que no lo conocían. Y en otra situación, donde hay tres personajes presenciando una conversación que no entienden, doy a entender de qué hablan usando las reacciones de los personajes en liza y de los observadores que si la comprenden.
ResponderEliminarSí, Prachett es un genio de los registros, así en general. He leído poco suyo, pero hasta en sus novelas más tempranas se puede palpar lo mucho que cuida las formas de habla.
EliminarSiempre hay una mejor solución que escribirtodojunto xD Lo de las cursivas es un buen ejemplo: sencilla y que además no interfiere en la narración ni te hace necesitar palabras de más. El único problema es que quedaría raro si uno de los que lo hablan no es el focalizado. Interpretar los gestos también es una buena manera de salir del paso, especialmente si se te dan bien las descripciones.
¡Gracias por pasarte!
¡Ay, si hubiera leído esto (o al menos pensado con mis escasas y pobres neuronas) antes de haber escrito el papelón que escribí! Que joven era entonces, por favor.
ResponderEliminarPero toda la razón, y más pecado tengo siendo además estudiante de lenguas; la comunicación no es tan sencilla, y menos si encima pecas (como yo. Tengo un rincón en el infierno reservado, con vistas al lago Estigia) de distintas culturas sin contacto entre ellas.
Igualmente, más vale tarde que nunca.
Es la primera vez que leo el blog y seguramente me pase más.
¡Un saludo!
Yo tengo miedo de terminar mi borrador precisamente porque lo empecé hace varios años y.. bueno. Digamos que la tarea de corrección que me espera va a ser bastante maja.
EliminarPero eso también es una de las cosas bonitas de la escritura; mirar atrás y llevarte las manos a la cabeza mientras te preguntas: "¿Cómo pude escribir semejante bazofia?" Es en esos momentos cuando te das cuenta de lo mucho que has mejorado como escritor. Y por mucho que fastidien, también es el indicador de que se va por el buen camino.
Muchas gracias por el comentario. ¡Saludos!